Fe y espiritualidad,  Reflexiones

Bajo el regazo de María no hemos de tener temor

“Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; está encinta, y grita con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz.”

Apocalipsis 12, 1-2

El 12 de diciembre, la Iglesia celebra la Fiesta de la Virgen de Guadalupe, que en México se festeja como solemnidad. La Virgen de Guadalupe es un icono de cómo el Evangelio busca hacerse carne en cada corazón y en toda cultura, y símbolo de la espera gozosa de la venida gloriosa de Cristo. Sabiendo que en María, Jesús nos ha dejado una madre que no nos abandona, no debemos tener ya temor.

Santa María de Guadalupe, Madre de Esperanza

La Virgen María, al ser madre Jesús, ha querido también ser madre nuestra. Es una verdad que creemos los católicos. Maternidad que queda confirmada cuando en el Calvario, Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo.” Luego, dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre.” (Cfr. Juan 19, 25-27).

Esta maternidad, María ha querido mostrarla a todo pueblo y nación, por medio de las diferentes apariciones que ha realizado en el mundo e inspirando diferentes advocaciones que ayuden a todo hombre a llegar a Jesús.

María nos trae a Jesús, así pasó en la Encarnación, como cuando visita a su prima Isabel y el Bautista salta de gozo en su vientre, así también salió presurosa al encuentro del Nuevo Mundo para que por medio del simbolismo de su imagen plasmada en la tilma de San Juan Diego comprendiéramos el misterio dela redención, dejándonos además un mensaje de esperanza.

Una gran señal apareció, no hizo nada igual con ninguna otra nación

Por medio del acontecimiento guadalupano sucedido en México en el año de 1531, María no sólo sembró la semilla de paz y fraternidad entre blancos e indígenas creando un nuevo pueblo para Dios, ni se limitó a revelar que ella es la Madre del verdadero Dios por quien se vive, sino que nos recordó que los primeros receptores del anuncio de salvación son los marginados y humildes, y que es a ellos principalmente a quien les quiere brindar su abrazo maternal.

Así sigue siendo hoy, cuando en medio de los problemas y dificultades, cuando atacados por un mundo que se opone a los valores del evangelio, y es fácil que como cristianos nos ensuciemos con las impurezas de la mundanidad alejándonos de los pasos del Maestro, María, Nuestra Señora de Guadalupe, quién ha acompañado a México y los pueblos latinoamericanos desde el principio, nos repite como a San Juan Diego:

Escucha,
ojalá que quede muy grabado en tu corazón,
hijo mío, el más pequeño,
nada es lo que te hace temer,
lo que te aflige.
Que no se perturbe
tu rostro, tu corazón,
no temas esta enfermedad
ni otra cualquier enfermedad,
que aflige, que agobia.
¿Acaso no estoy aquí,
yo que tengo el honor de ser tu madre?
¿Acaso no estás bajo mi sombra,
y en resguardo?
¿Acaso no soy la razón de tu alegría?
¿No estás en mi regazo,
en donde yo te protejo?

Nican Mopohua, nn. 118-119

Santa María de Guadalupe es para los católicos señal de esperanza, es la mujer «vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza» (Ap 12, 1), pues de su vientre ha nacido Jesús, en quién tenemos vida y nos ha ganado la salvación. Sólo con Cristo, y en compañía de María, podremos hacer frente a todo problema y tribulación, buscando vivir en la tierra conforme al proyecto del Reino de los Cielos.

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